Comic Con 2012; the chilean way
El fin de semana pasado se realizó la Comic Con Chile, paraíso ñoño
considerando el peso del nombre del evento, cuyo referente es la original y bakán Comic Con de Sandiego. Hasta ahí no más llegan las similitudes
entre ambas; sólo el nombre. No se trata de hacer la comparación obvia con
respecto al presupuesto, nadie en su sano juicio puede esperar el nivel de
producción que este tipo de eventos tienen en la tierra que les dio origen,
pero hay cosas que simplemente son imperdonables y que se podrían hacer bien incluso
con el presupuesto de lo que sale imprimir para los organizadores un programa
bien hecho y organizado. Y algo de imaginación, que sale gratis.
Pero no fue así.
En su segunda versión, la Comic Con volvió a mostrar de manera
evidente las falencias en su organización. No se trata de detalles,
considerando la importante cantidad de gente que este fin de semana repletó la Estación Mapocho, atraídos por un
evento que debería ser único, pero que en la práctica no se diferencia de
cualquier otro evento ñoño de los que se realizan durante el año –algunos, mucho
mejor organizados-, salvo, claro está, por la presencia de tres actores
internacionales muy representativos de la ñoñería actual.
No estoy hablando de presupuesto,
insisto, si no de organización y criterio. No se saca nada con tener el auspicio
de Fox Chile si éste va a consistir
en poner una sala ridícula para 7 personas en la que se muestran trailers de películas por estrenar,
cuando lo mismo se puede hacer desde la comodidad de tu casa. Estoy de acuerdo
en que habrá gente que no haya visto esos sneaks
preview, pero para eso, lo único que necesitan es un televisor de 42
pulgadas, buen equipo de sonido y listo, y no engañar a la gente, que hacía una
cola no menor por entrar a algo que, desde afuera, parecía la mayor exclusividad
del mundo… es mucho más entretenido ir a una multi-tienda a ver los televisores
en 3D que el patético chiste de la Fox el
fin de semana. Triste, realmente triste y, siendo sinceros, una burla.
Ahora bien, no sé en este caso de quién
será la culpa: si de la Fox que
mandó algo que prometía mucho más de lo que era, si de los organizadores que en
realidad les daba lo mismo lo que ofreciera la Fox con tal de aparentar –muy típico del chileno, por cierto- el
nivel de huevones que iban a estar apoyando el evento, o si de ambos; la Fox por mandar pura mierda y los
organizadores por bajarse los pantalones y no mandarlos a la chucha.
Yo sé que no hay mucho que ofrecer y que
hay que llenar con lo que sea, pero tiene que haber algo de criterio. El
espacio sobró, lo cual es una reverenda estupidez considerando lo atochada que
estaba la gente y lo estrecho de los pasillos. Dejaron de ocupar toda la parte
superior de la estación, que no es poco, y concentraron todo en la parte baja,
provocando a ratos el caos de la gente que se movía para todas partes. Estoy
claro que ocupar toda la estación hubiese sido sacrificar la postal para la
posteridad de los stands abarrotados de gente, pero puta la hueá, es nuestra realidad y punto, lo
otro es ser simplemente estúpido.
Los stands dejaban mucho que desear.
Pero mucho.
Claramente hay excepciones, como los
típicos stands de comunidades ñoñas que aprovechan de exhibir sus creaciones o
el mínimo funcionamiento de las mismas, o simplemente es una excusa para
juntarse a pasarla bien con los comparsas que comparten sus gustos, todo muy válido
y entretenido, finalmente están en un evento ñoño donde, además, aprovechan de
invitar a más gente a sumarse a sus filas. Pero en lo práctico, tu propósito es
ese, darte a conocer y conseguir más adeptos; en ese sentido, ¿de qué mierda
sirve tener un stand lleno de naves y figuras, y no vender nada de nada? O sea,
¿para qué mierda llevar tanta tontera? ¿Para aparentar? Como si dicha colección
fuera una especie de exhibición muy, pero que muy importante que vale la pena
ponerla en un puesto de una feria de carácter internacional ¿Es eso lo que
hacen en sus reuniones; juntarse y mostrar sus juguetes? ¡Por favor! Patético
hasta decir basta.
Me pareció mucho más original y
honesto el stand de, por ejemplo, la comunidad de Harry Potter, con la muestra precisa de tesoros personales, como
por ejemplo, el ajedrez que realmente era hermoso y valía la pena ver. O el
stand de la Sociedad Tolkien Chilena,
que se esmeraron en hacer un Smaug
de papel maché (¿?), y hasta vendían orfebrería que nada tenía que ver con la
película, pero se entendía perfectamente dentro del espíritu artesanal que los
rodeaba. O el colectivo de SteamPunk
Chile que se estaban presentando y dando a conocer a la gente que, atraído
por su característica estética, se acercaba a hablar con ellos y preguntarles
de qué iba toda la cosa. Tentar e invitar, pero de ahí a jactarse, es muy
diferente.
La parte de cómic nacional, o de los
colectivos de artistas criollos dejó mucho que desear, no por la calidad de los
trabajos, sino porque eran muy pocos. Ni una puta mención por alto parlante
tipo feria del libro que diga “en el
stand n° 8 se encuentran firmando sus dibujos y hablando con los asistentes a
la Comic Con 2012 los artistas nacionales Fulano de tal y
Fulana de cual”; la hueá como el
soberano pico y muy, pero que muy mala onda con los representantes del arte del
que, precisamente, trata la feria. ¿Y por qué tan pocos? En vez de llenar de
gente que se dedique a esto –que cada vez es más-, apuesto que les cobraron sus buenas lucas por poner un puesto todo cagón al que ni siquiera le hicieron propaganda como
es debido, cuando en realidad deberían haber invitado a ilustradores a poner
sus puestos, con precios racionales para el nivel de la feria, y llenar de trabajos independientes. Loco, pon tu stand de dibujos, danos el 10 ó el 20 % de tus ventas. Listo.
Puta,
haber hablado con universidades e institutos que ofrezcan este tipo de carreras
para que llevaran gente, profesores, alumnos de último año, egresados o qué sé
yo, para que dieran charlas sobre cómo son los ramos, a qué se dedican,
mostraran sus trabajos, y puta por último le hicieran propaganda a la carrera…
pero no, claro, para eso no hay ni espacio ni ganas porque la universidad tal
no lleva por nombre Warner Brothers o
20th Century Fox. Me podrán decir
que en un evento de esta envergadura es lógico que se cobre por los puestos,
pero recordemos que no estamos comparando presupuestos: en la original de San
Diego les creo, pero no acá.
Es imperdonable que los stands de las
comunidades ñoñas hayan sido más creativos que los organizadores; simplemente
imperdonable. Da incluso para pensar que nunca han estado en la verdadera Comic Con, o que simplemente les da
lata y los aburre soberanamente organizarla con un presupuesto tan bajo. Pero para
la cantidad de gente que fue, y el precio de la entrada, me siento
terriblemente estafado: $5.500 por una feria que recorres en media hora es
ridículo porque, lamentablemente, ni siquiera era una feria que valía la pena
ver. O sea que básicamente se pagó lo que se pagó por ver a los tres actores
invitados -y los siempre aperrados cosplayers-, lo cual no tiene nada de malo, cada uno gasta la plata en lo que
quiere, pero claro, como esta hueá
estaba mal organizada, en vez de llevar a los actores al encuentro con los fans
a una de las más de 6 salas que tiene la estación, decidieron, en toda su inteligencia,
que hablaran desde un pasillo del segundo piso a la masa que se apretujaba abajo
como podía, entre medio de los estrechos pasillos que los stands dejaban, por
la incompetencia que ya mencioné de no distribuirlos de mejor manera.
Y obviamente que, a menos que
estuvieras de frente a los putos parlantes, no se escuchaba ni un carajo. Es que
hay que ser muy reverendamente estúpido, por la mierda, como tan poco criterio
si esta hueá es de lógica común. ¡Foro
con los fans mis pelotas! Si no es porque lo entrevistaron en distintos medios,
nunca hubiera sabido qué dijo Billy Dee
Williams en su estadía en Chile. Sala de las Artes, ¿cuánta gente cabe ahí?
¿400, 600 personas? El que logró entrar, bien. Y el que no, se quedó a fuera y
punto. Cagó. Levántese más temprano para la otra. Pero hacer lo que se hizo el
domingo, es simple ridiculez y falta de respeto.
La alimentación dentro de la feria fue
otro punto de no creer. La Estación
Mapocho cuenta con dos restaurantes: uno estaba destinado sólo para la
producción. Me parece bien, exagerado pero bien; ni en la Feria Internacional del Libro de Santiago, que lleva mucha más
gente que este evento, se hace eso. Pero bueno, da lo mismo. El otro
restaurante tenía sándwiches. Pero para la FILSA,
ambos restaurantes funcionan, y ambos venden almuerzos contundentes, platos
preparados, no sólo sándwiches. ¿Tanto les costaba conseguirse lo mismo? El Café Cómic no dio abasto –y no tenía
por qué andar supliendo las carencias de la organización al respecto-, del Doggis, ni hablar de la fila para
comerse uno de los completos más malos que ofrece el mercado, y sería. Que la
gente se cague de hambre no más, total, tenemos un restaurante exclusivo para
la producción.
Aunque el escenario estaba bien
situado, realmente no entiendo cuál fue la idea de tener una pantalla grande
que no transmitía ni una mierda, excepto un video de vez en cuando, o mantener
siempre el logo de la feria de fondo. O sea que, teniendo esa pantalla, sobre
el escenario, mínimo que se te ocurra transmitir con cámaras lo que estaba
sucediendo sobre el mismo, ¿no? O por último mostrar desde otros ángulos cómo
se veía la feria. Pero nada de eso sucedió.
Lo más imperdonable fue la falta de,
precisamente, ñoñería. De no ser por los asistentes y los siempre esforzados cosplayers, a la feria le faltó
muchísimo nerderío, demasiado. Ni un puesto, ni uno solo que vendiera
exclusivamente libros, fuente primordial de buena parte de la ñoñería. Siempre
la hueá de moda, porque, claro,
varios puestos tenían a George R. R.
Martin como si fuera el único escritor del cual es posible conseguirse
libros. Ningún autor nacional invitado a firmar, menos a dar charlas, habiendo
un nicho importante de escritores nacionales que se la juegan creativamente por
hacer algo distinto. Esto es grave y refleja una ignorancia suprema por parte
de los organizadores. O es que, simplemente, los organizadores no son ñoños y
no tienen idea de lo que están haciendo ya no sólo a nivel organizativo.
Una lata, cero exclusividad y nada de
creatividad dentro de una feria que, en teoría, es una alabanza a los productos
salidos precisamente de la creación. Que les quede claro que, si fue gente, fue
por los artistas invitados. Así que para el próximo año dejen de dar la lata
con tanta parafernalia y cobren, simplemente, por ver a los invitados
extranjeros en algo más sencillo, directo y honesto.



