Mayo es el mes de Star
Wars
Había creado un blog hace años –por lo
menos dos-, pero no fue sino hasta hace poco que me acordé de él, y lo más
triste es que no había subido ningún tipo de contenido. Nada de nada. Ni un
solo artículo. Después de pensar durante al menos dos semanas qué subir –o sea
que después de pasar varias horas frente a la pantalla de mi pc, en blanco y
con los dedos sobre el teclado-, me llegó la inspiración divina –o de la
Fuerza- luego de estar viendo, pero no observando –como diría Sherlock-, el fondo de mi pantalla y
fijarme en que tenía puesto una imagen de Darth
Vader.
Lo anterior no tiene nada de novedoso,
no es la primera vez que pongo de fondo una imagen de Vader, y generalmente mis imágenes las voy cambiando una vez a la semana.
Claro que esta era algo especial; estaba puesta para conmemorar el Día Internacional de Star Wars,
conocido en inglés como el Star Wars Day,
fecha en la cual, como podrán deducir sin mayor esfuerzo, se recuerda y celebra
en todo el mundo –específicamente en toda la parte del mundo que tenga algo de
buen gusto- a Star Wars; la gran
saga épica y espacial inventada por George
Lucas, el mismo tipo que después la asesinaría despiadadamente y sin
escrúpulos en mayo de 1999 con el estreno del Episodio I.
Es probable que la frase “I am your father” sea la más famosa de
esta gran trilogía –episodios IV, V y VI, los otros tres corresponden a los
caprichos de una mente senil rodeada de chupa
penes que no fueron capaces de frenarlo o declararlo interdicto frente a la
bazofia que estaba “creando”-, todo el mundo la conoce. Dicho sea de paso, la
frase es probablemente una de las más famosas de la historia del cine. A juicio
personal, creo que no es la más famosa de la trilogía, pero sí la mejor. La más
famosa debería ser “May the Force be with
you” (Que la Fuerza te acompañe,
aunque la traducción correcta debiera decir algo como “que la Fuerza sea contigo”), frase que se repite a lo largo de
toda la trilogía -y de las otras tres mierdas hechas por LucasArts y el Instituto
APLAPLAC-. Y he aquí que el lenguaje nos regala el Star Wars Day, ya que el 4 de mayo –may the fourth, en inglés- vendría siendo un parónimo de may the Force, por lo que si decimos –en
inglés- “que el cuatro de mayo sea contigo”, básicamente suena muy parecido a
decir “que la Fuerza sea contigo”. Mis agradecimientos al ñoño que se le
ocurrió.
Pero hay más que sólo una coincidencia
sonora en todo esto; todas, absolutamente todas las películas de esta saga
fueron estrenadas en el mes de mayo. Para George
Lucas, que nació el 14 de mayo, probablemente esto debe ser una
“coincidencia” de lo más feliz. De hecho, el Geek Pride Day, término acuñado el 2006 en España como el Día del orgullo friki, es celebrado internacionalmente el 25 de mayo, en honor
al estreno de la primera película de la trilogía, A new Hope, estrenada el mentado día del año 1977. Así es, mayo es
el mes más bakán del universo.
Hay razones de sobra para celebrar a Star Wars, quizás la principal es
recordarle al mundo lo buena que es como historia, y hacerlos olvidar el trago
amargo que significó la segunda trilogía. Hay que recordar, cada tanto, que
esta historia es mucho más que los increíblemente bien logrados efectos
especiales que me dejaron sin habla incluso cuando la vi en un viejo televisor
en blanco y negro. O sea, hay películas actuales que tienen peores efectos
especiales que los de Star Wars hace
40 años atrás.
Hay que rememorar su música, tan
fácilmente identificable como recordable; creo que todo el mundo se emociona un
poco –ok, vale, quizás no todo el mundo y sólo los fanáticos- cuando escuchan
el opening y se imaginan de inmediato
esas enormes letras amarillas perdiéndose en el espacio de una galaxia muy, muy
lejana. Pero no sólo el opening,
temas como la marcha imperial, el tema de la cantina, la batalla contra la
primera Estrella de la Muerte, la
tristemente célebre Duel of the Fates;
Dios, si hasta la fanfarria de la 20th
Century Fox se luce como nunca en estas películas.
Es bueno recordar, insisto, en lo
icónico de estas películas, en el inconmensurable aporte, como el universo
estrellado que sirve de telón de fondo, a la historia del cine moderno. A estas
alturas Star Wars es parte de una
herencia cultural de tiempos que se nos antojan lejanos pero que en realidad
sucedieron ayer, cuando el mundo
vivía polarizado y con el temor de que una debacle nuclear acabar con todo el
planeta. En plena Guerra Fría, Lucas
desarrolló esta ópera galáctica –como ha sido llamada- que hablaba sobre lo
peligroso de los totalitarismos y la falta de libertad, representada en un Imperio Galáctico, tremendamente
plúmbeo y uniformado que recordaba peligrosamente la cercanía que unía a esa
generación con la Alemania de Hitler. Probablemente no hay escena más poderosa
como reflejo de esto que aquella en que un confiado y enérgico Moff Tarkin tranquiliza a una acalorada
audiencia que discutía sobre lo peligroso que era retener a la Princesa Leia, diciéndoles que ya daba
todo lo mismo porque el Emperador
acababa de cagarse en el Senado
Galáctico suprimiendo definitivamente la democracia en la galaxia, dejando
todo el control del universo a los operarios de la Estrella de la Muerte. Igual como que eso acojona a cualquiera.
Hay que recordar y homenajear a Star Wars porque llenó al cine de
escenas para la posteridad. Puede ser sólo opinión mía, pero hagan el siguiente
ejercicio en sus mentes: fanfarria de la 20th
Century Fox, silencio intenso y epígrafe A long time ago in a galaxy far, far away… explosión de la orquesta
sinfónica de la mano de Williams y
grandes letras amarillas en el universo que se alejan a lo desconocido, Star Wars, Episode IV (¡cuatro po’
weón, cuatro!), A New Hope, un
prólogo de lo más intenso con la aún más intensa sinfonía de fondo, pequeño adagio musical y luego una nave que
aparece a tus espaldas perseguida por un Star
Destroyer INTERMINABLE. Dos robots que hablan algo preocupados –bueno, uno
más que otro-, disparos de pistolas láser entre la nave abordada y la nave
atacante, soldados imperiales de blanco riguroso que parecen robots fabricados
en masa de lo iguales que son –jajaja, fabricados en masa de lo iguales que
son, ¿entienden?, buenísima-, silencio en la nave y posición rígida; de entre
el humo de la batalla, aparece ÉL.
Menos de 10 minutos de película y lo épico supera cualquier pronóstico.
Eso considerando sólo los primeros 10
minutos del episodio IV.
Hay que recordar y agradecerle a Star Wars los sables de luz, los Tie Fighters y las X-Wings,
los AT-AT y los Snowspeeder enredándole las patas. Los Star Destroyer y el Super
Star Destroyer Executor. Agradecerle por haber hecho la nave espacial más
la zorra de todo el universo: el Millenium
Falcon, que hizo mis onces más
entretenidas porque cuando pequeño agarraba mi pan hallulla y al mascarlo una
sola vez, me imaginaba que era esa nave y terminaba jugando con mi comida. Hay
que agradecer por las Speederbikes,
porque cuando se logren crear de verdad, Harley
Davidson se va a ir a la mierda. Hay que agradecer –y odiar- el infinito merchandise, porque me ha permitido
tener una pobre copia de todo lo anterior.
Hay que agradecerle a Star Wars por su historia, su guión y
sus tan bien caracterizados personajes. Puede sonar exagerado, pero el
desarrollo de los mismos a lo largo de la trilogía, las vicisitudes a las que
se enfrentan, hacen que estas películas sean una suerte de representativo de lo
que se considera “la novela total”. Probablemente los puristas me cagarían a
palos por esta afirmación, pero no hay que olvidar las mil aristas de las que
se puede analizar este film. Todos los personajes son complejos en la medida
que vemos cómo los hechos acaecidos les afectan en sus decisiones y opiniones;
es tremendamente meritorio que personajes como R2-D2 o Chewbacca tengan
personalidades totalmente identificables y únicas. Es difícil imaginarse estas
películas sin toda la hermosa parafernalia tecnológica que presenta, pero aun
así, si la desechamos, la historia resiste sin problemas.
Probablemente un género en sí mismo, Star Wars dio un golpe a la cátedra
realizando una amalgama entre el género fantástico y la ciencia ficción, porque
esta historia no puede ser considerada como Ci-Fi,
a pesar de la impresionante exhibición de tecnología que utiliza de estética,
sino como un relato de fantasía –de hecho la película parte con una de las
frases más arquetípicas de las historias fantásticas, “Érase una vez, en un
reino muy lejano”- en donde el concepto de La
Fuerza le da el toque espiritual preciso que convierte a la historia en
algo muy cercano a la esencia humana.
Hay que dar gracias por el traje de
esclava de la Princesa Leia, y
porque no hay nada más sexy que una mina que le guste Star Wars y que, además, le guste usar ese traje... o lo que se le
venga en mente que tenga que ver con la trilogía. Dato para las féminas: Star Wars es siempre, SIEMPRE, sexy. Al
revés es ñoño, pero mientras sea una mina la que lleve algo puesto con motivo
de Star Wars, es y será siempre
sexy. Esto es un hecho.
Hay que agradecer a Star Wars por contarnos la historia de Darth Vader.
En fin, que la verdad hay mucho por
qué dar gracias, probablemente es por esto que muchos endiosan a George Lucas, por esto es que muchos
quisieron declararse Jedi en el censo
2012, por eso hay algunos que viven una suerte de vida de anacoreta bajo los
preceptos de los Jedi…
¿Yo? Yo soy solo un ñoño recordando
que mayo es un mes para celebrar y que Star
Wars marcó, para bien o para mal, mi apacible vida terrícola.
May the force be with you!




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