Ufff, bueno, tenía muy abandonado esto pero, en mi defensa, estuve casi un mes sin pc -porque el antiguo feneció horriblemente- y luego de comprar notebook nuevo, estuve otro tanto tiempo sin office... y bueno, esto es algo que escribí para el diplomado con respecto a la novela Hermano Ciervo... espero les guste.
La amenaza de la soledad
Le podría pasar
a cualquiera –si es que no les ha pasado ya-, la novia que se mete con el mejor
amigo, el padre ausente que queremos o no conocer, el hermano que se fue de la
casa; la soledad como sombra que acecha detrás de cada recoveco de vida.
El primer libro
de Juan Pablo Roncone (Chile, 1982),
Hermano Ciervo (Los Libros Que Leo,
2011), retrata en ocho cuentos los sentimientos de miedo más cercanos al
corazón del ser humano, aquellos de los cuales la sociedad se encarga de maximizar
–o ignorar- en medio de la vorágine del día a día. Sus relatos superan la
simple melancolía producto de la soledad, y sus personajes logran tener una
apatía ante los sucesos que no se ve forzada sino, simplemente, como una
consecuencia casi lógica de lo vivido. Ni siquiera hay un intento de
resistencia en cambiar el sino al que se enfrentan, y esto es algo que llama
poderosamente la atención, puesto que dentro de las vicisitudes que se les
plantea hay algo más que un patetismo y una aceptación pasiva de los hechos;
veo en los cuentos de Hermano Ciervo,
en sus personajes, una suerte de valentía primigenia de decir sin asco frente
al disparo de la realidad: “acá está mi pecho desnudo”.
La normalidad
de los personajes aterra, no son héroes –ni intentan serlo-, no son personajes
especiales, son terroríficamente cercanos, al igual que sus problemas
totalmente mundanos y corrientes, detonados por situaciones que no pueden ni
controlar ni prever, “[…] Basta acudir una vez a un falso llamado de la
campanilla nocturna para que lo irreparable se produzca”, como diría Kafka. En Hermano Ciervo hay una especie de status quo como imagen del relato, en donde los personajes
simplemente ven, de manera mareadora, como la vida se mueve alrededor de ellos
y pasa sin poder hacer nada.
En este libro,
el autor se aplica a la escuela narrativa que tan bien definió Hemingway, según la cual un cuento
tenía que ser como un iceberg, en donde sólo se lee la parte que sobresale del
mismo; y esa precisamente es la sensación que queda luego de leer Hermano Ciervo, historias que afectan a
los personajes y que dejan un resabio de impotencia frente a lo irresoluble del
problema planteado. No son historias incompletas; son historias sin solución.
Juan Pablo Roncone no busca ofrecer el consuelo
en sus páginas, ni una mirada optimista de la vida; lo que se lee es lo real,
los héroes son de la literatura, por eso extraña que este libro no tenga
ninguno. No hay un análisis de la psiquis individual ni colectiva, acaso sólo
un intento de identificación con los personajes o sus problemas, y quizás eso
sea el mayor aporte de estos cuentos; la posibilidad de identificarse con los
actores de este drama, de sentirse acompañado frente a la amenaza de la soledad,
dispuesta a caer sobre ti, en cualquier acto anodino que realizamos a diario.

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