martes, 11 de septiembre de 2012

La amenaza de la soledad


Ufff, bueno, tenía muy abandonado esto pero, en mi defensa, estuve casi un mes sin pc -porque el antiguo feneció horriblemente- y luego de comprar notebook nuevo, estuve otro tanto tiempo sin office... y bueno, esto es algo que escribí para el diplomado con respecto a la novela Hermano Ciervo... espero les guste.


La amenaza de la soledad
Le podría pasar a cualquiera –si es que no les ha pasado ya-, la novia que se mete con el mejor amigo, el padre ausente que queremos o no conocer, el hermano que se fue de la casa; la soledad como sombra que acecha detrás de cada recoveco de vida.
El primer libro de Juan Pablo Roncone (Chile, 1982), Hermano Ciervo (Los Libros Que Leo, 2011), retrata en ocho cuentos los sentimientos de miedo más cercanos al corazón del ser humano, aquellos de los cuales la sociedad se encarga de maximizar –o ignorar- en medio de la vorágine del día a día. Sus relatos superan la simple melancolía producto de la soledad, y sus personajes logran tener una apatía ante los sucesos que no se ve forzada sino, simplemente, como una consecuencia casi lógica de lo vivido. Ni siquiera hay un intento de resistencia en cambiar el sino al que se enfrentan, y esto es algo que llama poderosamente la atención, puesto que dentro de las vicisitudes que se les plantea hay algo más que un patetismo y una aceptación pasiva de los hechos; veo en los cuentos de Hermano Ciervo, en sus personajes, una suerte de valentía primigenia de decir sin asco frente al disparo de la realidad: “acá está mi pecho desnudo”.
La normalidad de los personajes aterra, no son héroes –ni intentan serlo-, no son personajes especiales, son terroríficamente cercanos, al igual que sus problemas totalmente mundanos y corrientes, detonados por situaciones que no pueden ni controlar ni prever, “[…] Basta acudir una vez a un falso llamado de la campanilla nocturna para que lo irreparable se produzca”, como diría Kafka. En Hermano Ciervo hay una especie de status quo como imagen del relato, en donde los personajes simplemente ven, de manera mareadora, como la vida se mueve alrededor de ellos y pasa sin poder hacer nada.
En este libro, el autor se aplica a la escuela narrativa que tan bien definió Hemingway, según la cual un cuento tenía que ser como un iceberg, en donde sólo se lee la parte que sobresale del mismo; y esa precisamente es la sensación que queda luego de leer Hermano Ciervo, historias que afectan a los personajes y que dejan un resabio de impotencia frente a lo irresoluble del problema planteado. No son historias incompletas; son historias sin solución.
Juan Pablo Roncone no busca ofrecer el consuelo en sus páginas, ni una mirada optimista de la vida; lo que se lee es lo real, los héroes son de la literatura, por eso extraña que este libro no tenga ninguno. No hay un análisis de la psiquis individual ni colectiva, acaso sólo un intento de identificación con los personajes o sus problemas, y quizás eso sea el mayor aporte de estos cuentos; la posibilidad de identificarse con los actores de este drama, de sentirse acompañado frente a la amenaza de la soledad, dispuesta a caer sobre ti, en cualquier acto anodino que realizamos a diario.

Francisco Alfaro Labbé



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