Pluma
forjada
“Me gustaría que la
vida no fuera tan corta –pensó-. Aprender un idioma toma tanto tiempo, así como
todas las cosas sobre las que uno quisiera saber”
El
camino perdido
J. R. R. Tolkien
Incluso su apellido, precedido por las tres sonoras
consonantes, logra evocar una sensación de mito, de héroe medieval de alguna
tribu vikinga, J. R. R. Tolkien, el
sonido fuerte y ancestral que asalta una memoria heredada en la cultura de las
leyendas que nos precedieron, como una música que nos suena familiar pero no
sabemos distinguir con exactitud dónde la aprendimos; Tolkien, la lengua que resiste el aire de la garganta para
explotar en una sonora sílaba seguida de un suave diptongo.
John Ronald Reuel Tolkien nació el Bloemfontein, Sudáfrica, el 3 de
enero de 1892. El mayor de dos hermanos, a temprana edad quedó huérfano de
padre, por lo que su madre los llevó de vuelta a su natal Inglaterra.
Desde temprana edad, Tolkien acostumbraba a pasear y disfrutar de la exuberante
naturaleza de Worcestershire, la que él reconocería posteriormente como parte
importante en la inspiración que lo llevó a desarrollar la alta fantasía a la
que se dedicaría de adulto. Fue en esta época en que siendo un niño se embriagó
de primavera, caminos para recorrer, árboles y riachuelos justo cuando su
imaginación comenzaba a desarrollarse. Los años en la aldea de Sarehole serían
la génesis de la entrañable Comarca de Bilbo Bolsón. Tolkien siempre habría de recordar estos años como tiempos felices
y únicos; “Todos los rincones de este condado (hermosos o sórdidos) son para
mí, de alguna manera indefinible, <<mi casa>>, más que cualquier
otra parte del mundo”. Ya en estos años se comenzaba a configurar también su
pasión por la filología y la mitología europea; jugaba con su hermano a crear
palabras en un lenguaje propio que nadie más conocía, y estudiaba mucho,
ayudado por su madre, leyendo historias épicas, pero disfrutando también de
clásicos como la compilación de colores de libros de hadas de Andrew Lang o la famosísima Alicia en el País de las Maravillas de Lewis Carroll.
No habría de pasar mucho tiempo hasta que la tragedia
se acercara de nuevo a Tolkien –como
habría de hacerlo muchas veces más- con la temprana muerte de su madre producto
de un coma diabético cuando éste tenía sólo 12 años. Alejado de su familia, los
hermanos Tolkien quedaron al cuidado
del sacerdote católico, Padre Francis Xavier Morgan, quien sería uno de los
pilares fundamentales y guía espiritual en la vida de Tolkien, convirtiéndose para los hermanos en un verdadero padre más
que en un tutor, a pesar de la furiosa estrictez que demostró tener en el
cuidado y formación académica de sus protegidos.
Tolkien entró estudiar al Exeter College de
Oxford, graduándose con honores de la carrera de literatura y lengua inglesa;
siendo muy joven aún, y contra la opinión del padre Morgan, contrajo matrimonio
a la edad de 21 años con quien sería el único amor de su vida, Edith Mary
Bratt, a quien había conocido a la edad de 16 años. Pronto el joven matrimonio
tuvo que separarse al ser Tolkien
destinado como teniente segundo de los fusileros de Lancashire y ser enviado al
frente de batalla en Somme, durante la I Guerra Mundial. Esta época también
sería relevante dentro de su vida como escritor, al fraguarse con la sangre de
amigos y compatriotas, el día a día en las trincheras y la lejanía de su
esposa, de manera imborrable los horrores que la guerra significaba. Si bien Tolkien fue devuelto a Inglaterra
producto de haber contraído una enfermedad conocida como “fiebre de las
trincheras”, nunca pudo recuperarse del todo de la tristeza que la guerra le
dejó.
Tolkien pudo rehacer su vida y volver, al menos
en una pieza, con su amada Edith,
con la cual tuvieron cuatro hijos. Pasó las siguientes décadas trabajando como
profesor, primero en la Universidad de Leeds y luego volviendo a su alma mater en la Universidad de Oxford.
Es en estos años en donde se cimienta su carrera intelectual, desarrollando sus
trabajos de investigación sobre las antiguas sagas europeas como el Beowulf o algunas leyendas artúricas, traduciéndolas
desde su idioma original, pero también comienza su carrera literaria cuando en
1930, después que un alumno le entregara un examen con la hoja en blanco,
escribiría en ella “En un agujero en el suelo vivía un Hobbit”.
Considerado como uno de los escritores más
influyentes del siglo XX en Inglaterra, sus libros son un referente cultural
importante dentro de la literatura de corte fantástico, asociado
específicamente a la fantasía épica y la alta fantasía. Debido a su carrera
académica, los libros de Tolkien están cargados de sus intereses por las
lenguas, siendo famoso por la invención del quenya y el sindarin, los idiomas
utilizados por los elfos. Su escritura se hace cargo del acervo cultural de las
leyendas y mitos europeos, logrando de esa manera escribir un relato moderno en
clave medieval.
Si bien se consideró siempre un enemigo de las
alegorías, es imposible no ver plasmada en sus obras las alusiones a las
experiencias de vida del autor, pero esto puede ser entendido debido a los
temas tan esencialmente humanos que se ven reflejados en los personajes creados
por Tolkien, los cuales, a pesar del
mundo de fantasía en el que viven, los sentimos cercanos y tremendamente
verosímiles en sus vicisitudes. Es por eso que historias como las de El Señor de los Anillos, a pesar del
tiempo en el que fue escrita, la encontramos, de alguna manera, totalmente
actual.
Entre sus obras más famosas destacan El Hobbit, El Señor de los Anillos, El
Silmarillion, Mithopoeia, Hoja de Niggle, Beowulf: los monstruos y los
críticos, Sir Gawain y el Caballero Verde (estas dos últimas corresponden a
trabajos académicos), entre otras.
J. R. R. Tolkien falleció el 2 de septiembre de 1973 a la
edad de 81 años. Sus restos están en el cementerio de Wolvercote en Oxford,
junto a su esposa Edith. En su lápida se pueden leer los nombres de ambos
asociados a dos personajes de El
Silmarillion; Béren y Lúthien, un
humano y una elfa que desafiaron a la muerte por amor.











