viernes, 28 de septiembre de 2012


Pluma forjada

“Me gustaría que la vida no fuera tan corta –pensó-. Aprender un idioma toma tanto tiempo, así como todas las cosas sobre las que uno quisiera saber”
El camino perdido
J. R. R. Tolkien

Incluso su apellido, precedido por las tres sonoras consonantes, logra evocar una sensación de mito, de héroe medieval de alguna tribu vikinga, J. R. R. Tolkien, el sonido fuerte y ancestral que asalta una memoria heredada en la cultura de las leyendas que nos precedieron, como una música que nos suena familiar pero no sabemos distinguir con exactitud dónde la aprendimos; Tolkien, la lengua que resiste el aire de la garganta para explotar en una sonora sílaba seguida de un suave diptongo.

John Ronald Reuel Tolkien nació el Bloemfontein, Sudáfrica, el 3 de enero de 1892. El mayor de dos hermanos, a temprana edad quedó huérfano de padre, por lo que su madre los llevó de vuelta a su natal Inglaterra.

Desde temprana edad, Tolkien acostumbraba a pasear y disfrutar de la exuberante naturaleza de Worcestershire, la que él reconocería posteriormente como parte importante en la inspiración que lo llevó a desarrollar la alta fantasía a la que se dedicaría de adulto. Fue en esta época en que siendo un niño se embriagó de primavera, caminos para recorrer, árboles y riachuelos justo cuando su imaginación comenzaba a desarrollarse. Los años en la aldea de Sarehole serían la génesis de la entrañable Comarca de Bilbo Bolsón. Tolkien siempre habría de recordar estos años como tiempos felices y únicos; “Todos los rincones de este condado (hermosos o sórdidos) son para mí, de alguna manera indefinible, <<mi casa>>, más que cualquier otra parte del mundo”. Ya en estos años se comenzaba a configurar también su pasión por la filología y la mitología europea; jugaba con su hermano a crear palabras en un lenguaje propio que nadie más conocía, y estudiaba mucho, ayudado por su madre, leyendo historias épicas, pero disfrutando también de clásicos como la compilación de colores de libros de hadas de Andrew Lang o la famosísima Alicia en el País de las Maravillas de Lewis Carroll.





No habría de pasar mucho tiempo hasta que la tragedia se acercara de nuevo a Tolkien –como habría de hacerlo muchas veces más- con la temprana muerte de su madre producto de un coma diabético cuando éste tenía sólo 12 años. Alejado de su familia, los hermanos Tolkien quedaron al cuidado del sacerdote católico, Padre Francis Xavier Morgan, quien sería uno de los pilares fundamentales y guía espiritual en la vida de Tolkien, convirtiéndose para los hermanos en un verdadero padre más que en un tutor, a pesar de la furiosa estrictez que demostró tener en el cuidado y formación académica de sus protegidos.

Tolkien entró estudiar al Exeter College de Oxford, graduándose con honores de la carrera de literatura y lengua inglesa; siendo muy joven aún, y contra la opinión del padre Morgan, contrajo matrimonio a la edad de 21 años con quien sería el único amor de su vida, Edith Mary Bratt, a quien había conocido a la edad de 16 años. Pronto el joven matrimonio tuvo que separarse al ser Tolkien destinado como teniente segundo de los fusileros de Lancashire y ser enviado al frente de batalla en Somme, durante la I Guerra Mundial. Esta época también sería relevante dentro de su vida como escritor, al fraguarse con la sangre de amigos y compatriotas, el día a día en las trincheras y la lejanía de su esposa, de manera imborrable los horrores que la guerra significaba. Si bien Tolkien fue devuelto a Inglaterra producto de haber contraído una enfermedad conocida como “fiebre de las trincheras”, nunca pudo recuperarse del todo de la tristeza que la guerra le dejó.



Tolkien pudo rehacer su vida y volver, al menos en una pieza, con su amada Edith, con la cual tuvieron cuatro hijos. Pasó las siguientes décadas trabajando como profesor, primero en la Universidad de Leeds y luego volviendo a su alma mater en la Universidad de Oxford. Es en estos años en donde se cimienta su carrera intelectual, desarrollando sus trabajos de investigación sobre las antiguas sagas europeas como el Beowulf  o algunas leyendas artúricas, traduciéndolas desde su idioma original, pero también comienza su carrera literaria cuando en 1930, después que un alumno le entregara un examen con la hoja en blanco, escribiría en ella “En un agujero en el suelo vivía un Hobbit”.

Considerado como uno de los escritores más influyentes del siglo XX en Inglaterra, sus libros son un referente cultural importante dentro de la literatura de corte fantástico, asociado específicamente a la fantasía épica y la alta fantasía. Debido a su carrera académica, los libros de Tolkien están cargados de sus intereses por las lenguas, siendo famoso por la invención del quenya y el sindarin, los idiomas utilizados por los elfos. Su escritura se hace cargo del acervo cultural de las leyendas y mitos europeos, logrando de esa manera escribir un relato moderno en clave medieval.

Si bien se consideró siempre un enemigo de las alegorías, es imposible no ver plasmada en sus obras las alusiones a las experiencias de vida del autor, pero esto puede ser entendido debido a los temas tan esencialmente humanos que se ven reflejados en los personajes creados por Tolkien, los cuales, a pesar del mundo de fantasía en el que viven, los sentimos cercanos y tremendamente verosímiles en sus vicisitudes. Es por eso que historias como las de El Señor de los Anillos, a pesar del tiempo en el que fue escrita, la encontramos, de alguna manera, totalmente actual.



Entre sus obras más famosas destacan El Hobbit, El Señor de los Anillos, El Silmarillion, Mithopoeia, Hoja de Niggle, Beowulf: los monstruos y los críticos, Sir Gawain y el Caballero Verde (estas dos últimas corresponden a trabajos académicos), entre otras.

J. R. R. Tolkien falleció el 2 de septiembre de 1973 a la edad de 81 años. Sus restos están en el cementerio de Wolvercote en Oxford, junto a su esposa Edith. En su lápida se pueden leer los nombres de ambos asociados a dos personajes de El Silmarillion; Béren y Lúthien, un humano y una elfa que desafiaron a la muerte por amor.


martes, 11 de septiembre de 2012

La amenaza de la soledad


Ufff, bueno, tenía muy abandonado esto pero, en mi defensa, estuve casi un mes sin pc -porque el antiguo feneció horriblemente- y luego de comprar notebook nuevo, estuve otro tanto tiempo sin office... y bueno, esto es algo que escribí para el diplomado con respecto a la novela Hermano Ciervo... espero les guste.


La amenaza de la soledad
Le podría pasar a cualquiera –si es que no les ha pasado ya-, la novia que se mete con el mejor amigo, el padre ausente que queremos o no conocer, el hermano que se fue de la casa; la soledad como sombra que acecha detrás de cada recoveco de vida.
El primer libro de Juan Pablo Roncone (Chile, 1982), Hermano Ciervo (Los Libros Que Leo, 2011), retrata en ocho cuentos los sentimientos de miedo más cercanos al corazón del ser humano, aquellos de los cuales la sociedad se encarga de maximizar –o ignorar- en medio de la vorágine del día a día. Sus relatos superan la simple melancolía producto de la soledad, y sus personajes logran tener una apatía ante los sucesos que no se ve forzada sino, simplemente, como una consecuencia casi lógica de lo vivido. Ni siquiera hay un intento de resistencia en cambiar el sino al que se enfrentan, y esto es algo que llama poderosamente la atención, puesto que dentro de las vicisitudes que se les plantea hay algo más que un patetismo y una aceptación pasiva de los hechos; veo en los cuentos de Hermano Ciervo, en sus personajes, una suerte de valentía primigenia de decir sin asco frente al disparo de la realidad: “acá está mi pecho desnudo”.
La normalidad de los personajes aterra, no son héroes –ni intentan serlo-, no son personajes especiales, son terroríficamente cercanos, al igual que sus problemas totalmente mundanos y corrientes, detonados por situaciones que no pueden ni controlar ni prever, “[…] Basta acudir una vez a un falso llamado de la campanilla nocturna para que lo irreparable se produzca”, como diría Kafka. En Hermano Ciervo hay una especie de status quo como imagen del relato, en donde los personajes simplemente ven, de manera mareadora, como la vida se mueve alrededor de ellos y pasa sin poder hacer nada.
En este libro, el autor se aplica a la escuela narrativa que tan bien definió Hemingway, según la cual un cuento tenía que ser como un iceberg, en donde sólo se lee la parte que sobresale del mismo; y esa precisamente es la sensación que queda luego de leer Hermano Ciervo, historias que afectan a los personajes y que dejan un resabio de impotencia frente a lo irresoluble del problema planteado. No son historias incompletas; son historias sin solución.
Juan Pablo Roncone no busca ofrecer el consuelo en sus páginas, ni una mirada optimista de la vida; lo que se lee es lo real, los héroes son de la literatura, por eso extraña que este libro no tenga ninguno. No hay un análisis de la psiquis individual ni colectiva, acaso sólo un intento de identificación con los personajes o sus problemas, y quizás eso sea el mayor aporte de estos cuentos; la posibilidad de identificarse con los actores de este drama, de sentirse acompañado frente a la amenaza de la soledad, dispuesta a caer sobre ti, en cualquier acto anodino que realizamos a diario.

Francisco Alfaro Labbé


martes, 26 de junio de 2012


Oliver Twist: imágenes literarias y conflicto social.

Si bien es cierto que cuando niño ya había leído Oliver Twist, es también muy cierto que volver a leerlo ahora, me ha permitido redescubrir tanto a su escritor como a uno de los huérfanos más famosos de la historia de la literatura. Recuerdo que lo leí. No recordaba que era tan triste.
Es notable cómo con unas pocas páginas del libro, el autor logra dar gruesas y evidentes pinceladas de la sociedad inglesa del XIX. Hay varios aspectos que dan cuenta de ello, y que Charles Dickens (1812-1870) pone de manifiesto de manera, a veces, un tanto exagerada. Lo primero que salta a la vista es el trato que se le dispensaba a los pobres –y en este caso, es especialmente doloroso ver el trato para con los huérfanos-. Si bien es cierto incluso hoy en día uno puede estar seguro de encontrar tratos similares en orfanatos –de que los hay los hay, aunque es de esperar que no sean muchos- y además, uno sabe de antemano el mal trato que al menos en esa época podían llegar a recibir los huérfanos abandonados, cuando Dickens lo pone por escrito la cuestión choca, molesta y, por sobre todo, duele. En este punto el autor cae quizás en cierto infantilismo narrativo, es decir, los malos son realmente malos, y los buenos son realmente buenos. Aunque por algo es la visión de un niño lo que prima en la novela.
Como todos ustedes saben, la historia de Oliver Twist se desarrolla en los años en que Inglaterra está a la vanguardia del mundo económico; tiene la grandeza de poseer la flota mercante más grande del mundo, y la ascendente burguesía obtiene cada vez más y mejores resultados económicos. Se perfila como la primera potencia de Europa, y sus tratos en ultramar logran favorecerla ampliamente; es la época en que disfrutaba de los frutos que la Revolución Industrial ofrecía, mientras que la gran y rellenita reina Victoria acomodaba sus presuntuosos vestidos en su trono real. Sin embargo, es bien sabido que esta Inglaterra del XIX tenía un punto bastante negro dentro de su ascendente y próspera economía, a saber, la increíble y realmente miserable pobreza en la que se encontraba sumergida gran parte de la población.


                              Imagen de la película "Oliver Twist" de Polanski.


Sí, en Dickens los malos son realmente malos, y los buenos son realmente buenos. ¿Es esto una exageración del autor o se aplica a lo anteriormente mencionado, a saber, que en la Inglaterra victoriana los ricos eran realmente ricos, y los pobres eran realmente pobres? ¿Puede que el infantilismo narrativo de Dickens sea en efecto un crudo reflejo de esta realidad social? Puede ser, y sin embargo, no me convenzo del todo, ya que para el caso de este libro, los ricos son tanto realmente buenos como realmente malos, y en los pobres se aplica lo mismo.
En Oliver Twist, Dickens logra aparecer con bastante conciencia social respecto de la situación de los pobres, ya que pone de manifiesto en muchas partes de la novela el hecho de recalcar que es nada más que una cosa de oportunidades –como por ejemplo acceso a la educación- lo que mermó las posibilidades de ciertos personajes de llegar a tener una vida honesta. Como nos plantea Eric Hobsbawm, “La educación inglesa era una broma de dudoso gusto […]. Los temores sociales frustraban la educación de los pobres”. El autor logra así, formar una fiel y clara fotografía de los ambientes y personajes –en realidad, y debido a este infantilismo narrativo del que hablo, más que personajes Dickens utiliza caricaturas- del Londres del siglo XIX; “[…], es el mecanismo social el que constriñe a los personajes y los hace representar uno u otro papel”, como plantea Bernard Shaw.
Uno de los aspectos literarios que llama la atención en la lectura del libro, es la visión de mundo que se muestra –la de Oliver- incluso en aspectos en los que el protagonista era un mero espectador o simplemente no salía. Según Walter Gagehot, Dickens “[…] captaba y representaba a la gente como los niños ven a los mayores”. Es así como, de forma chocante, vemos que el autor se da a la labor de ironizar e intentar hacer ver de forma cómica a ciertos personajes totalmente crueles, como el individuo del chaleco blanco del Consejo del asilo de mendicidad; “Los individuos del Consejo de administración eran hombres eminentemente sabios y dotados de una filosofía profunda: observando atentamente el asilo de mendicidad, descubrieron de pronto lo que espíritus vulgares nunca hubieran notado, esto es, ¡que los pobres gozaban!”.


                              Representación de la escena en la que Oliver tiene el "descaro" de
                          pedir repetición en el asilo para huérfanos, al comienzo de la novela.


Frases como la anterior o “Después de haber cometido el imperdonable crimen de pedir doble ración […]” o, “[…] le ha alimentado usted con exceso, haciendo nacer en él un alma y un espíritu artificial […]. Los señores del Consejo administrativo, que son filósofos consumados, le dirán lo mismo, señora. ¿Para qué necesitan los pobres un alma y un espíritu?”; realmente causan un interesante sentimiento contradictorio entre la risa y la rabia. Simplemente no pueden ser tan extremadamente estúpidos y tan extremadamente malos.
Ciertamente, hay muchos pasajes del libro que se podrían citar para denunciar la cuestión social de la Inglaterra victoriana. Pero como no quiero dar la lata más de lo necesario, terminaré comentando esta idea de las “imágenes literarias” de Dickens. Con esto me refiero a la capacidad que tiene el autor, por medio de la escritura, de reflejar de manera casi perfecta, visual y estéticamente muy potente, la imagen de lo que era el bajo pueblo, las clases más pobres de Inglaterra, los malos y peligrosos barrios de Londres e incluso, el dinero que tienen algunos para gastar a destajo –como el en caso de Brunlow y su viaje a la India sólo para buscar a Monks-. Dickens logra a la perfección crear esta atmósfera victoriana en la que se desarrolla la obra, a pesar de lo visceral en la actitud de algunos personajes, que ciertamente hacen que a ratos la obra se vuelva casi insoportable debido a la tragedia constante, inhumana, desgarradora, pero tan bien pintada que se puede ver incluso la niebla londinense cubriendo los bajos barrios… aunque en realidad no se ve nada porque hay niebla –jajaja, ¿entendieron? ¡Está buena esa!-.
Si tuviera que escoger una frase que refleja muy bien lo que es la desesperanza y el estado de la cuestión social en Inglaterra durante el siglo XIX, me quedaría con el primer capítulo del libro; “Oliver gritaba con toda su fuerza. Pero si hubiera sabido que era un huérfano abandonado a la compasión de los guardianes y vigilantes del establecimiento, seguramente hubiera gritado mucho más”.


"Consideremos las hambrunas. Provienen de un desequilibrio entre demanda y producción de alimentos. Los cronistas de la época las interpretaron como señales nefastas. Pero nosotros, historiadores, las consideramos señales de un progreso, sobresaltos del desarrollo, de un desarrollo fulgurante pero caótico" Georges Duby, Año 1000, año 2000. La huella de nuestros miedos.


lunes, 28 de mayo de 2012


Comic Con 2012; the chilean way


El fin de semana pasado se realizó la Comic Con Chile, paraíso ñoño considerando el peso del nombre del evento, cuyo referente es la original y bakán Comic Con de Sandiego. Hasta ahí no más llegan las similitudes entre ambas; sólo el nombre. No se trata de hacer la comparación obvia con respecto al presupuesto, nadie en su sano juicio puede esperar el nivel de producción que este tipo de eventos tienen en la tierra que les dio origen, pero hay cosas que simplemente son imperdonables y que se podrían hacer bien incluso con el presupuesto de lo que sale imprimir para los organizadores un programa bien hecho y organizado. Y algo de imaginación, que sale gratis.
Pero no fue así.
En su segunda versión, la Comic Con volvió a mostrar de manera evidente las falencias en su organización. No se trata de detalles, considerando la importante cantidad de gente que este fin de semana repletó la Estación Mapocho, atraídos por un evento que debería ser único, pero que en la práctica no se diferencia de cualquier otro evento ñoño de los que se realizan durante el año –algunos, mucho mejor organizados-, salvo, claro está, por la presencia de tres actores internacionales muy representativos de la ñoñería actual.
No estoy hablando de presupuesto, insisto, si no de organización y criterio. No se saca nada con tener el auspicio de Fox Chile si éste va a consistir en poner una sala ridícula para 7 personas en la que se muestran trailers de películas por estrenar, cuando lo mismo se puede hacer desde la comodidad de tu casa. Estoy de acuerdo en que habrá gente que no haya visto esos sneaks preview, pero para eso, lo único que necesitan es un televisor de 42 pulgadas, buen equipo de sonido y listo, y no engañar a la gente, que hacía una cola no menor por entrar a algo que, desde afuera, parecía la mayor exclusividad del mundo… es mucho más entretenido ir a una multi-tienda a ver los televisores en 3D que el patético chiste de la Fox el fin de semana. Triste, realmente triste y, siendo sinceros, una burla.
Ahora bien, no sé en este caso de quién será la culpa: si de la Fox que mandó algo que prometía mucho más de lo que era, si de los organizadores que en realidad les daba lo mismo lo que ofreciera la Fox con tal de aparentar –muy típico del chileno, por cierto- el nivel de huevones que iban a estar apoyando el evento, o si de ambos; la Fox por mandar pura mierda y los organizadores por bajarse los pantalones y no mandarlos a la chucha.
Yo sé que no hay mucho que ofrecer y que hay que llenar con lo que sea, pero tiene que haber algo de criterio. El espacio sobró, lo cual es una reverenda estupidez considerando lo atochada que estaba la gente y lo estrecho de los pasillos. Dejaron de ocupar toda la parte superior de la estación, que no es poco, y concentraron todo en la parte baja, provocando a ratos el caos de la gente que se movía para todas partes. Estoy claro que ocupar toda la estación hubiese sido sacrificar la postal para la posteridad de los stands abarrotados de gente, pero puta la hueá, es nuestra realidad y punto, lo otro es ser simplemente estúpido.



Los stands dejaban mucho que desear. Pero mucho.
Claramente hay excepciones, como los típicos stands de comunidades ñoñas que aprovechan de exhibir sus creaciones o el mínimo funcionamiento de las mismas, o simplemente es una excusa para juntarse a pasarla bien con los comparsas que comparten sus gustos, todo muy válido y entretenido, finalmente están en un evento ñoño donde, además, aprovechan de invitar a más gente a sumarse a sus filas. Pero en lo práctico, tu propósito es ese, darte a conocer y conseguir más adeptos; en ese sentido, ¿de qué mierda sirve tener un stand lleno de naves y figuras, y no vender nada de nada? O sea, ¿para qué mierda llevar tanta tontera? ¿Para aparentar? Como si dicha colección fuera una especie de exhibición muy, pero que muy importante que vale la pena ponerla en un puesto de una feria de carácter internacional ¿Es eso lo que hacen en sus reuniones; juntarse y mostrar sus juguetes? ¡Por favor! Patético hasta decir basta.



Me pareció mucho más original y honesto el stand de, por ejemplo, la comunidad de Harry Potter, con la muestra precisa de tesoros personales, como por ejemplo, el ajedrez que realmente era hermoso y valía la pena ver. O el stand de la Sociedad Tolkien Chilena, que se esmeraron en hacer un Smaug de papel maché (¿?), y hasta vendían orfebrería que nada tenía que ver con la película, pero se entendía perfectamente dentro del espíritu artesanal que los rodeaba. O el colectivo de SteamPunk Chile que se estaban presentando y dando a conocer a la gente que, atraído por su característica estética, se acercaba a hablar con ellos y preguntarles de qué iba toda la cosa. Tentar e invitar, pero de ahí a jactarse, es muy diferente.
La parte de cómic nacional, o de los colectivos de artistas criollos dejó mucho que desear, no por la calidad de los trabajos, sino porque eran muy pocos. Ni una puta mención por alto parlante tipo feria del libro que diga “en el stand n° 8 se encuentran firmando sus dibujos y hablando con los asistentes a la Comic Con 2012 los artistas nacionales Fulano de tal y Fulana de cual”; la hueá como el soberano pico y muy, pero que muy mala onda con los representantes del arte del que, precisamente, trata la feria. ¿Y por qué tan pocos? En vez de llenar de gente que se dedique a esto –que cada vez es más-, apuesto que les cobraron sus buenas lucas por poner un puesto todo cagón al que ni siquiera le hicieron propaganda como es debido, cuando en realidad deberían haber invitado a ilustradores a poner sus puestos, con precios racionales para el nivel de la feria, y llenar de trabajos independientes. Loco, pon tu stand de dibujos, danos el 10 ó el 20 % de tus ventas. Listo.
Puta, haber hablado con universidades e institutos que ofrezcan este tipo de carreras para que llevaran gente, profesores, alumnos de último año, egresados o qué sé yo, para que dieran charlas sobre cómo son los ramos, a qué se dedican, mostraran sus trabajos, y puta por último le hicieran propaganda a la carrera… pero no, claro, para eso no hay ni espacio ni ganas porque la universidad tal no lleva por nombre Warner Brothers o 20th Century Fox. Me podrán decir que en un evento de esta envergadura es lógico que se cobre por los puestos, pero recordemos que no estamos comparando presupuestos: en la original de San Diego les creo, pero no acá.



Es imperdonable que los stands de las comunidades ñoñas hayan sido más creativos que los organizadores; simplemente imperdonable. Da incluso para pensar que nunca han estado en la verdadera Comic Con, o que simplemente les da lata y los aburre soberanamente organizarla con un presupuesto tan bajo. Pero para la cantidad de gente que fue, y el precio de la entrada, me siento terriblemente estafado: $5.500 por una feria que recorres en media hora es ridículo porque, lamentablemente, ni siquiera era una feria que valía la pena ver. O sea que básicamente se pagó lo que se pagó por ver a los tres actores invitados -y los siempre aperrados cosplayers-, lo cual no tiene nada de malo, cada uno gasta la plata en lo que quiere, pero claro, como esta hueá estaba mal organizada, en vez de llevar a los actores al encuentro con los fans a una de las más de 6 salas que tiene la estación, decidieron, en toda su inteligencia, que hablaran desde un pasillo del segundo piso a la masa que se apretujaba abajo como podía, entre medio de los estrechos pasillos que los stands dejaban, por la incompetencia que ya mencioné de no distribuirlos de mejor manera.



Y obviamente que, a menos que estuvieras de frente a los putos parlantes, no se escuchaba ni un carajo. Es que hay que ser muy reverendamente estúpido, por la mierda, como tan poco criterio si esta hueá es de lógica común. ¡Foro con los fans mis pelotas! Si no es porque lo entrevistaron en distintos medios, nunca hubiera sabido qué dijo Billy Dee Williams en su estadía en Chile. Sala de las Artes, ¿cuánta gente cabe ahí? ¿400, 600 personas? El que logró entrar, bien. Y el que no, se quedó a fuera y punto. Cagó. Levántese más temprano para la otra. Pero hacer lo que se hizo el domingo, es simple ridiculez y falta de respeto.



La alimentación dentro de la feria fue otro punto de no creer. La Estación Mapocho cuenta con dos restaurantes: uno estaba destinado sólo para la producción. Me parece bien, exagerado pero bien; ni en la Feria Internacional del Libro de Santiago, que lleva mucha más gente que este evento, se hace eso. Pero bueno, da lo mismo. El otro restaurante tenía sándwiches. Pero para la FILSA, ambos restaurantes funcionan, y ambos venden almuerzos contundentes, platos preparados, no sólo sándwiches. ¿Tanto les costaba conseguirse lo mismo? El Café Cómic no dio abasto –y no tenía por qué andar supliendo las carencias de la organización al respecto-, del Doggis, ni hablar de la fila para comerse uno de los completos más malos que ofrece el mercado, y sería. Que la gente se cague de hambre no más, total, tenemos un restaurante exclusivo para la producción.
Aunque el escenario estaba bien situado, realmente no entiendo cuál fue la idea de tener una pantalla grande que no transmitía ni una mierda, excepto un video de vez en cuando, o mantener siempre el logo de la feria de fondo. O sea que, teniendo esa pantalla, sobre el escenario, mínimo que se te ocurra transmitir con cámaras lo que estaba sucediendo sobre el mismo, ¿no? O por último mostrar desde otros ángulos cómo se veía la feria. Pero nada de eso sucedió.



Lo más imperdonable fue la falta de, precisamente, ñoñería. De no ser por los asistentes y los siempre esforzados cosplayers, a la feria le faltó muchísimo nerderío, demasiado. Ni un puesto, ni uno solo que vendiera exclusivamente libros, fuente primordial de buena parte de la ñoñería. Siempre la hueá de moda, porque, claro, varios puestos tenían a George R. R. Martin como si fuera el único escritor del cual es posible conseguirse libros. Ningún autor nacional invitado a firmar, menos a dar charlas, habiendo un nicho importante de escritores nacionales que se la juegan creativamente por hacer algo distinto. Esto es grave y refleja una ignorancia suprema por parte de los organizadores. O es que, simplemente, los organizadores no son ñoños y no tienen idea de lo que están haciendo ya no sólo a nivel organizativo.
Una lata, cero exclusividad y nada de creatividad dentro de una feria que, en teoría, es una alabanza a los productos salidos precisamente de la creación. Que les quede claro que, si fue gente, fue por los artistas invitados. Así que para el próximo año dejen de dar la lata con tanta parafernalia y cobren, simplemente, por ver a los invitados extranjeros en algo más sencillo, directo y honesto.










viernes, 25 de mayo de 2012

Mayo es el mes de Star Wars!!!


Mayo es el mes de Star Wars

Había creado un blog hace años –por lo menos dos-, pero no fue sino hasta hace poco que me acordé de él, y lo más triste es que no había subido ningún tipo de contenido. Nada de nada. Ni un solo artículo. Después de pensar durante al menos dos semanas qué subir –o sea que después de pasar varias horas frente a la pantalla de mi pc, en blanco y con los dedos sobre el teclado-, me llegó la inspiración divina –o de la Fuerza- luego de estar viendo, pero no observando –como diría Sherlock-, el fondo de mi pantalla y fijarme en que tenía puesto una imagen de Darth Vader.
Lo anterior no tiene nada de novedoso, no es la primera vez que pongo de fondo una imagen de Vader, y generalmente mis imágenes las voy cambiando una vez a la semana. Claro que esta era algo especial; estaba puesta para conmemorar el Día Internacional de Star Wars, conocido en inglés como el Star Wars Day, fecha en la cual, como podrán deducir sin mayor esfuerzo, se recuerda y celebra en todo el mundo –específicamente en toda la parte del mundo que tenga algo de buen gusto- a Star Wars; la gran saga épica y espacial inventada por George Lucas, el mismo tipo que después la asesinaría despiadadamente y sin escrúpulos en mayo de 1999 con el estreno del Episodio I.
Es probable que la frase “I am your father” sea la más famosa de esta gran trilogía –episodios IV, V y VI, los otros tres corresponden a los caprichos de una mente senil rodeada de chupa penes que no fueron capaces de frenarlo o declararlo interdicto frente a la bazofia que estaba “creando”-, todo el mundo la conoce. Dicho sea de paso, la frase es probablemente una de las más famosas de la historia del cine. A juicio personal, creo que no es la más famosa de la trilogía, pero sí la mejor. La más famosa debería ser “May the Force be with you” (Que la Fuerza te acompañe, aunque la traducción correcta debiera decir algo como “que la Fuerza sea contigo”), frase que se repite a lo largo de toda la trilogía -y de las otras tres mierdas hechas por LucasArts y el Instituto APLAPLAC-. Y he aquí que el lenguaje nos regala el Star Wars Day, ya que el 4 de mayo –may the fourth, en inglés- vendría siendo un parónimo de may the Force, por lo que si decimos –en inglés- “que el cuatro de mayo sea contigo”, básicamente suena muy parecido a decir “que la Fuerza sea contigo”. Mis agradecimientos al ñoño que se le ocurrió.



Pero hay más que sólo una coincidencia sonora en todo esto; todas, absolutamente todas las películas de esta saga fueron estrenadas en el mes de mayo. Para George Lucas, que nació el 14 de mayo, probablemente esto debe ser una “coincidencia” de lo más feliz. De hecho, el Geek Pride Day, término acuñado el 2006 en España como el Día del orgullo friki, es celebrado internacionalmente el 25 de mayo, en honor al estreno de la primera película de la trilogía, A new Hope, estrenada el mentado día del año 1977. Así es, mayo es el mes más bakán del universo.
Hay razones de sobra para celebrar a Star Wars, quizás la principal es recordarle al mundo lo buena que es como historia, y hacerlos olvidar el trago amargo que significó la segunda trilogía. Hay que recordar, cada tanto, que esta historia es mucho más que los increíblemente bien logrados efectos especiales que me dejaron sin habla incluso cuando la vi en un viejo televisor en blanco y negro. O sea, hay películas actuales que tienen peores efectos especiales que los de Star Wars hace 40 años atrás.
Hay que rememorar su música, tan fácilmente identificable como recordable; creo que todo el mundo se emociona un poco –ok, vale, quizás no todo el mundo y sólo los fanáticos- cuando escuchan el opening y se imaginan de inmediato esas enormes letras amarillas perdiéndose en el espacio de una galaxia muy, muy lejana. Pero no sólo el opening, temas como la marcha imperial, el tema de la cantina, la batalla contra la primera Estrella de la Muerte, la tristemente célebre Duel of the Fates; Dios, si hasta la fanfarria de la 20th Century Fox se luce como nunca en estas películas.


Es bueno recordar, insisto, en lo icónico de estas películas, en el inconmensurable aporte, como el universo estrellado que sirve de telón de fondo, a la historia del cine moderno. A estas alturas Star Wars es parte de una herencia cultural de tiempos que se nos antojan lejanos pero que en realidad sucedieron ayer, cuando el mundo vivía polarizado y con el temor de que una debacle nuclear acabar con todo el planeta. En plena Guerra Fría, Lucas desarrolló esta ópera galáctica –como ha sido llamada- que hablaba sobre lo peligroso de los totalitarismos y la falta de libertad, representada en un Imperio Galáctico, tremendamente plúmbeo y uniformado que recordaba peligrosamente la cercanía que unía a esa generación con la Alemania de Hitler. Probablemente no hay escena más poderosa como reflejo de esto que aquella en que un confiado y enérgico Moff Tarkin tranquiliza a una acalorada audiencia que discutía sobre lo peligroso que era retener a la Princesa Leia, diciéndoles que ya daba todo lo mismo porque el Emperador acababa de cagarse en el Senado Galáctico suprimiendo definitivamente la democracia en la galaxia, dejando todo el control del universo a los operarios de la Estrella de la Muerte. Igual como que eso acojona a cualquiera.


Hay que recordar y homenajear a Star Wars porque llenó al cine de escenas para la posteridad. Puede ser sólo opinión mía, pero hagan el siguiente ejercicio en sus mentes: fanfarria de la 20th Century Fox, silencio intenso y epígrafe A long time ago in a galaxy far, far away… explosión de la orquesta sinfónica de la mano de Williams y grandes letras amarillas en el universo que se alejan a lo desconocido, Star Wars, Episode IV (¡cuatro po’ weón, cuatro!), A New Hope, un prólogo de lo más intenso con la aún más intensa sinfonía de fondo, pequeño adagio musical y luego una nave que aparece a tus espaldas perseguida por un Star Destroyer INTERMINABLE. Dos robots que hablan algo preocupados –bueno, uno más que otro-, disparos de pistolas láser entre la nave abordada y la nave atacante, soldados imperiales de blanco riguroso que parecen robots fabricados en masa de lo iguales que son –jajaja, fabricados en masa de lo iguales que son, ¿entienden?, buenísima-, silencio en la nave y posición rígida; de entre el humo de la batalla, aparece ÉL. Menos de 10 minutos de película y lo épico supera cualquier pronóstico.
Eso considerando sólo los primeros 10 minutos del episodio IV.
Hay que recordar y agradecerle a Star Wars los sables de luz, los Tie Fighters  y las X-Wings, los AT-AT y los Snowspeeder enredándole las patas. Los Star Destroyer y el Super Star Destroyer Executor. Agradecerle por haber hecho la nave espacial más la zorra de todo el universo: el Millenium Falcon, que hizo mis onces más entretenidas porque cuando pequeño agarraba mi pan hallulla y al mascarlo una sola vez, me imaginaba que era esa nave y terminaba jugando con mi comida. Hay que agradecer por las Speederbikes, porque cuando se logren crear de verdad, Harley Davidson se va a ir a la mierda. Hay que agradecer –y odiar- el infinito merchandise, porque me ha permitido tener una pobre copia de todo lo anterior.



Hay que agradecerle a Star Wars por su historia, su guión y sus tan bien caracterizados personajes. Puede sonar exagerado, pero el desarrollo de los mismos a lo largo de la trilogía, las vicisitudes a las que se enfrentan, hacen que estas películas sean una suerte de representativo de lo que se considera “la novela total”. Probablemente los puristas me cagarían a palos por esta afirmación, pero no hay que olvidar las mil aristas de las que se puede analizar este film. Todos los personajes son complejos en la medida que vemos cómo los hechos acaecidos les afectan en sus decisiones y opiniones; es tremendamente meritorio que personajes como R2-D2 o Chewbacca tengan personalidades totalmente identificables y únicas. Es difícil imaginarse estas películas sin toda la hermosa parafernalia tecnológica que presenta, pero aun así, si la desechamos, la historia resiste sin problemas.
Probablemente un género en sí mismo, Star Wars dio un golpe a la cátedra realizando una amalgama entre el género fantástico y la ciencia ficción, porque esta historia no puede ser considerada como Ci-Fi, a pesar de la impresionante exhibición de tecnología que utiliza de estética, sino como un relato de fantasía –de hecho la película parte con una de las frases más arquetípicas de las historias fantásticas, “Érase una vez, en un reino muy lejano”- en donde el concepto de La Fuerza le da el toque espiritual preciso que convierte a la historia en algo muy cercano a la esencia humana.
Hay que dar gracias por el traje de esclava de la Princesa Leia, y porque no hay nada más sexy que una mina que le guste Star Wars y que, además, le guste usar ese traje... o lo que se le venga en mente que tenga que ver con la trilogía. Dato para las féminas: Star Wars es siempre, SIEMPRE, sexy. Al revés es ñoño, pero mientras sea una mina la que lleve algo puesto con motivo de Star Wars, es y será siempre sexy. Esto es un hecho.



Hay que agradecer a Star Wars por contarnos la historia de Darth Vader.
En fin, que la verdad hay mucho por qué dar gracias, probablemente es por esto que muchos endiosan a George Lucas, por esto es que muchos quisieron declararse Jedi en el censo 2012, por eso hay algunos que viven una suerte de vida de anacoreta bajo los preceptos de los Jedi
¿Yo? Yo soy solo un ñoño recordando que mayo es un mes para celebrar y que Star Wars marcó, para bien o para mal, mi apacible vida terrícola.
May the force be with you!