martes, 26 de junio de 2012


Oliver Twist: imágenes literarias y conflicto social.

Si bien es cierto que cuando niño ya había leído Oliver Twist, es también muy cierto que volver a leerlo ahora, me ha permitido redescubrir tanto a su escritor como a uno de los huérfanos más famosos de la historia de la literatura. Recuerdo que lo leí. No recordaba que era tan triste.
Es notable cómo con unas pocas páginas del libro, el autor logra dar gruesas y evidentes pinceladas de la sociedad inglesa del XIX. Hay varios aspectos que dan cuenta de ello, y que Charles Dickens (1812-1870) pone de manifiesto de manera, a veces, un tanto exagerada. Lo primero que salta a la vista es el trato que se le dispensaba a los pobres –y en este caso, es especialmente doloroso ver el trato para con los huérfanos-. Si bien es cierto incluso hoy en día uno puede estar seguro de encontrar tratos similares en orfanatos –de que los hay los hay, aunque es de esperar que no sean muchos- y además, uno sabe de antemano el mal trato que al menos en esa época podían llegar a recibir los huérfanos abandonados, cuando Dickens lo pone por escrito la cuestión choca, molesta y, por sobre todo, duele. En este punto el autor cae quizás en cierto infantilismo narrativo, es decir, los malos son realmente malos, y los buenos son realmente buenos. Aunque por algo es la visión de un niño lo que prima en la novela.
Como todos ustedes saben, la historia de Oliver Twist se desarrolla en los años en que Inglaterra está a la vanguardia del mundo económico; tiene la grandeza de poseer la flota mercante más grande del mundo, y la ascendente burguesía obtiene cada vez más y mejores resultados económicos. Se perfila como la primera potencia de Europa, y sus tratos en ultramar logran favorecerla ampliamente; es la época en que disfrutaba de los frutos que la Revolución Industrial ofrecía, mientras que la gran y rellenita reina Victoria acomodaba sus presuntuosos vestidos en su trono real. Sin embargo, es bien sabido que esta Inglaterra del XIX tenía un punto bastante negro dentro de su ascendente y próspera economía, a saber, la increíble y realmente miserable pobreza en la que se encontraba sumergida gran parte de la población.


                              Imagen de la película "Oliver Twist" de Polanski.


Sí, en Dickens los malos son realmente malos, y los buenos son realmente buenos. ¿Es esto una exageración del autor o se aplica a lo anteriormente mencionado, a saber, que en la Inglaterra victoriana los ricos eran realmente ricos, y los pobres eran realmente pobres? ¿Puede que el infantilismo narrativo de Dickens sea en efecto un crudo reflejo de esta realidad social? Puede ser, y sin embargo, no me convenzo del todo, ya que para el caso de este libro, los ricos son tanto realmente buenos como realmente malos, y en los pobres se aplica lo mismo.
En Oliver Twist, Dickens logra aparecer con bastante conciencia social respecto de la situación de los pobres, ya que pone de manifiesto en muchas partes de la novela el hecho de recalcar que es nada más que una cosa de oportunidades –como por ejemplo acceso a la educación- lo que mermó las posibilidades de ciertos personajes de llegar a tener una vida honesta. Como nos plantea Eric Hobsbawm, “La educación inglesa era una broma de dudoso gusto […]. Los temores sociales frustraban la educación de los pobres”. El autor logra así, formar una fiel y clara fotografía de los ambientes y personajes –en realidad, y debido a este infantilismo narrativo del que hablo, más que personajes Dickens utiliza caricaturas- del Londres del siglo XIX; “[…], es el mecanismo social el que constriñe a los personajes y los hace representar uno u otro papel”, como plantea Bernard Shaw.
Uno de los aspectos literarios que llama la atención en la lectura del libro, es la visión de mundo que se muestra –la de Oliver- incluso en aspectos en los que el protagonista era un mero espectador o simplemente no salía. Según Walter Gagehot, Dickens “[…] captaba y representaba a la gente como los niños ven a los mayores”. Es así como, de forma chocante, vemos que el autor se da a la labor de ironizar e intentar hacer ver de forma cómica a ciertos personajes totalmente crueles, como el individuo del chaleco blanco del Consejo del asilo de mendicidad; “Los individuos del Consejo de administración eran hombres eminentemente sabios y dotados de una filosofía profunda: observando atentamente el asilo de mendicidad, descubrieron de pronto lo que espíritus vulgares nunca hubieran notado, esto es, ¡que los pobres gozaban!”.


                              Representación de la escena en la que Oliver tiene el "descaro" de
                          pedir repetición en el asilo para huérfanos, al comienzo de la novela.


Frases como la anterior o “Después de haber cometido el imperdonable crimen de pedir doble ración […]” o, “[…] le ha alimentado usted con exceso, haciendo nacer en él un alma y un espíritu artificial […]. Los señores del Consejo administrativo, que son filósofos consumados, le dirán lo mismo, señora. ¿Para qué necesitan los pobres un alma y un espíritu?”; realmente causan un interesante sentimiento contradictorio entre la risa y la rabia. Simplemente no pueden ser tan extremadamente estúpidos y tan extremadamente malos.
Ciertamente, hay muchos pasajes del libro que se podrían citar para denunciar la cuestión social de la Inglaterra victoriana. Pero como no quiero dar la lata más de lo necesario, terminaré comentando esta idea de las “imágenes literarias” de Dickens. Con esto me refiero a la capacidad que tiene el autor, por medio de la escritura, de reflejar de manera casi perfecta, visual y estéticamente muy potente, la imagen de lo que era el bajo pueblo, las clases más pobres de Inglaterra, los malos y peligrosos barrios de Londres e incluso, el dinero que tienen algunos para gastar a destajo –como el en caso de Brunlow y su viaje a la India sólo para buscar a Monks-. Dickens logra a la perfección crear esta atmósfera victoriana en la que se desarrolla la obra, a pesar de lo visceral en la actitud de algunos personajes, que ciertamente hacen que a ratos la obra se vuelva casi insoportable debido a la tragedia constante, inhumana, desgarradora, pero tan bien pintada que se puede ver incluso la niebla londinense cubriendo los bajos barrios… aunque en realidad no se ve nada porque hay niebla –jajaja, ¿entendieron? ¡Está buena esa!-.
Si tuviera que escoger una frase que refleja muy bien lo que es la desesperanza y el estado de la cuestión social en Inglaterra durante el siglo XIX, me quedaría con el primer capítulo del libro; “Oliver gritaba con toda su fuerza. Pero si hubiera sabido que era un huérfano abandonado a la compasión de los guardianes y vigilantes del establecimiento, seguramente hubiera gritado mucho más”.


"Consideremos las hambrunas. Provienen de un desequilibrio entre demanda y producción de alimentos. Los cronistas de la época las interpretaron como señales nefastas. Pero nosotros, historiadores, las consideramos señales de un progreso, sobresaltos del desarrollo, de un desarrollo fulgurante pero caótico" Georges Duby, Año 1000, año 2000. La huella de nuestros miedos.


1 comentario:

  1. Hay una edición reciente de Oliver Twist (busca en internet referencias de la de Alba Editorial) que me parece una de las mejores traducciones de dicha obra. Apenas este año leí Oliver Twist, ya de adulto. Siempre tuve esa deuda conmigo mismo. Aunque es una maravilla su lectura, de todos modos el español hace perder mucho de la genialidad de Dickens (nunca hasta él se había logrado plasmar por escrito con tal fidelidadlos modismos de la jerga Cant) que explica porque se le considera uno de los mayores autores de la historia de la literatura.
    Un saludo.

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